Cadena lesional ascendente: cómo el pie puede influir en el dolor de rodilla y cadera
Cuando aparece dolor de rodilla al correr, molestias en la cadera o rigidez al levantarnos, lo más habitual es centrar la atención en la zona donde sentimos el dolor. Sin embargo, el cuerpo humano no funciona como un conjunto de piezas independientes, sino como un sistema de estructuras interconectadas.
En determinadas situaciones, una alteración que comienza en el pie puede influir en la biomecánica de la rodilla, la cadera y la pelvis, haciendo que estas estructuras tengan que adaptarse para mantener el equilibrio y la funcionalidad del miembro inferior.
Esta relación es la que conocemos como cadena lesional ascendente.
¿Qué es una cadena lesional ascendente?
El concepto de cadena lesional hace referencia a cómo una alteración de movilidad, estabilidad o funcionamiento en una parte del cuerpo puede generar adaptaciones en otras estructuras relacionadas.
En el caso de la cadena lesional ascendente, analizamos principalmente cómo determinadas alteraciones en el apoyo y movimiento del pie pueden repercutir progresivamente sobre el tobillo, la rodilla, la cadera y la pelvis.
El pie constituye nuestro principal punto de contacto con el suelo. Por ello, su capacidad para adaptarse a las diferentes superficies y absorber y transmitir las fuerzas resulta fundamental para el funcionamiento de todo el miembro inferior.
Cuando existe una alteración en este sistema, el resto de articulaciones pueden modificar su movimiento para compensarla. Estas adaptaciones no significan necesariamente que el origen del dolor esté en el pie, pero sí que la valoración del conjunto de la cadena puede ser importante para comprender el problema.
Del pie a la rodilla: una relación biomecánica
La rodilla es una articulación intermedia situada entre el pie y la cadera. Por esta posición, recibe las fuerzas y movimientos procedentes tanto del apoyo del pie como de las estructuras superiores.
La forma en la que apoyamos el pie puede modificar el movimiento del tobillo y de la tibia y, en determinadas personas, influir en la mecánica de la rodilla.
Además, algunas características de la pisada están presentes desde edades tempranas, mientras que otras pueden desarrollarse o acentuarse con el paso del tiempo debido a factores como el trabajo, el deporte, determinados hábitos de movimiento o lesiones anteriores.
Entre las características que pueden ser relevantes encontramos el pie pronador o plano y el pie supinador o cavo.
Pie plano o pronador: ¿cómo puede influir en la rodilla?
El pie plano se caracteriza por un arco plantar reducido. En algunas personas, esta característica se acompaña de una mayor tendencia a la pronación durante determinadas fases del apoyo.
Cuando existe una pronación excesiva o poco controlada, pueden producirse modificaciones en el movimiento del tobillo y de la tibia. Estas adaptaciones pueden repercutir en la mecánica de la rodilla y, dependiendo de cada caso, relacionarse con una mayor demanda sobre determinadas estructuras.
Por ejemplo, algunas personas con alteraciones de la mecánica del miembro inferior pueden presentar molestias relacionadas con el síndrome de dolor patelofemoral, sobrecargas tendinosas o molestias en la región lateral de la rodilla.
Es importante señalar que tener el pie plano no significa necesariamente que vayamos a desarrollar dolor o una lesión. La relación entre pisada, biomecánica y dolor es individual y depende de múltiples factores.
Pie cavo o supinador: cuando el pie tiene poca capacidad de adaptación
El pie cavo presenta un arco plantar elevado y, en algunos casos, puede asociarse a una mayor rigidez y menor capacidad de adaptación.
El pie participa en la absorción y transmisión de las fuerzas generadas durante actividades como caminar, correr o saltar. Cuando determinadas características del pie reducen su capacidad de adaptación, otras estructuras pueden asumir una mayor demanda.
En personas que realizan actividades de impacto repetitivo, como correr, saltar o determinados deportes, estas cargas pueden contribuir a la aparición de sobrecargas si la capacidad de recuperación de los tejidos no es suficiente.
Por este motivo, ante molestias recurrentes de rodilla, tobillo o cadera, puede ser interesante analizar cómo se comporta el pie durante el movimiento, y no únicamente observar la zona en la que aparece el dolor.
De la rodilla a la cadera: cómo continúa la cadena
La influencia de la biomecánica no termina en la rodilla.
Cuando existen determinadas alteraciones en el movimiento del miembro inferior, la cadera y la pelvis también pueden modificar su estrategia de movimiento para mantener la estabilidad y el equilibrio.
Los músculos encargados de estabilizar la pelvis y controlar el movimiento de la cadera, como el glúteo medio y los rotadores de cadera, pueden verse sometidos a una mayor demanda en determinadas situaciones.
Esto puede relacionarse con molestias musculares en la zona glútea, lateral de la cadera o región inguinal, aunque nuevamente no existe una relación directa y automática entre una determinada pisada y una lesión concreta.
El dolor musculoesquelético es multifactorial y debe valorarse teniendo en cuenta aspectos como la fuerza, movilidad, carga de entrenamiento, hábitos, antecedentes de lesiones y características individuales.
¿Puede el dolor de rodilla venir del pie?
Esta es una de las preguntas más frecuentes.
La respuesta es que el pie puede ser uno de los factores que influyen en la mecánica de la rodilla, pero no siempre es el origen del dolor.
Por eso, cuando una persona presenta dolor de rodilla, no debería analizarse únicamente la articulación dolorosa. Una valoración adecuada puede incluir el estudio del pie, tobillo, rodilla, cadera y pelvis, además de observar cómo se comporta todo el conjunto durante actividades funcionales.
De esta manera podemos identificar qué factores pueden estar contribuyendo a mantener el problema.
¿Cómo se aborda una cadena lesional ascendente?
El tratamiento debe adaptarse a las características y necesidades de cada persona. En lugar de centrarnos exclusivamente en la zona donde aparece el dolor, podemos realizar una valoración global de la cadena del miembro inferior.
1. Valoración estática y biomecánica
Analizamos aspectos como la movilidad articular, el apoyo del pie, la marcha y determinados patrones de movimiento.
El objetivo no es buscar una “pisada perfecta”, sino identificar si existe alguna alteración que pueda estar relacionada con los síntomas o limitar la capacidad de movimiento de la persona.
2. Tratamiento de las restricciones de movilidad
En función de los resultados de la valoración, pueden utilizarse diferentes técnicas de fisioterapia y terapia manual para mejorar la movilidad, disminuir determinadas restricciones y facilitar una mejor función de las estructuras implicadas.
El tratamiento puede incluir el pie, tobillo, rodilla, cadera y pelvis, dependiendo de las necesidades de cada paciente.
3. Ejercicio terapéutico
El ejercicio es una parte fundamental del proceso de recuperación.
Trabajar la fuerza, el control motor, el equilibrio y la capacidad de los tejidos para tolerar carga permite que el paciente no dependa únicamente de tratamientos pasivos y pueda recuperar progresivamente su capacidad funcional.
4. Trabajo multidisciplinar
En determinados casos puede ser interesante complementar la valoración de fisioterapia con un estudio de la pisada realizado por un podólogo.
La colaboración entre profesionales permite obtener una visión más completa del problema y valorar si determinadas estrategias relacionadas con el apoyo del pie pueden ser útiles para cada persona.
No debemos tratar solamente dónde duele
Cuando aparece dolor de rodilla o cadera, tratar exclusivamente la zona dolorosa puede ser insuficiente si existen otros factores que están contribuyendo al problema.
La cadena lesional ascendente nos recuerda la importancia de valorar el cuerpo de forma global: desde el pie y el tobillo hasta la rodilla, la cadera y la pelvis.
Sin embargo, esto no significa que todo dolor de rodilla tenga su origen en el pie. Cada persona presenta unas características diferentes y el tratamiento debe partir de una valoración individual.
Si tienes dolor de rodilla al correr, molestias recurrentes en la cadera, sobrecargas musculares o problemas relacionados con tu pisada, una valoración global puede ayudar a identificar qué factores están influyendo en tus síntomas y cómo abordarlos.
Conclusión
El pie es mucho más que el punto de apoyo del cuerpo. Su movilidad y capacidad de adaptación participan en la forma en la que distribuimos las cargas durante la marcha, la carrera y otras actividades.
Comprender la cadena lesional ascendente permite ampliar la mirada y estudiar la relación entre pie, rodilla, cadera y pelvis.
Porque cuando existe dolor, no siempre debemos buscar únicamente dónde duele, sino también qué factores pueden estar influyendo en cómo nos movemos.




